lunes, 27 de junio de 2011

La pesadilla (Cuento corto)

Se despertó con ese sabor amargo que deja la angustia de un mal sueño, que deja el mal humor, saben a lo que me refiero, lo que comúnmente llaman acidez, la boca seca y ese nudo en la garganta, esa amargura en el alma.

Detestaba las pesadillas, en su caso eran premonitorias, el mal humor, la acidez no se deben simplemente a tener una simple pesadilla, se deben a que son premonitorias. Ya no sabía cómo afrontarlo, años y años, ya era el momento de levantar el teléfono y soltar aquella maldición. Subió al carro, manejo y manejo de ciudad a ciudad, ida por vuelta, las lágrimas se fundían a la luz de ese sol ardiente que pega a las 6 de la mañana en un país como Venezuela. No podía dejar de pensar en la burla de aquel sueño. Llegó a casa nuevamente y decidió, después de tantos años ponerle fin.

Colocó un CD de Edith Piaf, se preparó un bloody mary, acorde con la ocasión. Buscó una antigua navaja de afeitar de su padre, la afiló, sutilmente probó si funcionaba con su índice derecho, estaba perfecta. Siguió al baño, se dio una ducha, parecía que el agua la bañaba de resignación y coraje. Salió del baño y delante del espejo se paró, con el cabello empapado tomó su bloody mary, sonrió levemente de esas sonrisas que esconden una cosa extraña, malicia, dolor, alivio. Buscó el celular y le llamó, le dijo:

―He decidido que no deseo verte nunca más. Tú sabes las razones, ya lo hemos hablado. No seré la burla de ella, ni de ellos, ni de nadie. No seré más la otra con la que ni siquiera te acuestas, la otra quien actúa como la que es tu esposa, mientras ella es tu mujer delante del mundo mientras tu pequeña adolescente es tu pequeño orgullo a exhibir y se lleva los honores de quien realmente responde por ti. No digas nada. De aquí en adelante jamás te atrevas a buscarme.

Un silencio marcó el momento, nadie dijo nada. Ella cayó desnuda en aquel cuarto donde aún el sol parecía un inclemente intruso por la ventana. Palmo a palmo en la cama, el bloody mary se derramo en las sabanas color hueso, parecía una escena dantesca de homicidio pero no había ningún muerto, solo ella y un bloody mary derramado. Se levantó con los ojos casi perdidos en le hinchazón, desnuda fue al baño, se paró delante del espejo y tomó la navaja con perturbadora calma, la observó a través del espejo, se observó ella y prosiguió a cumplir su promesa, su inmensa promesa de abandonar su intensa vanidad. Con mucho cuidado la puso en su sien y ahí sutilmente empezó a cortar de raíz lo que más le dolía de su ser, su cabello, así como cortó de raíz lo que más le dolía de su corazón.

Tranquila e inmune al dolor, como quien esta anestesiado por un impacto ni una lágrima broto más de sus ojos, ya lo había terminado, ya lo había resuelto, ya todo estaba dicho, la espera había llegado a su fin y lo más importante, la pesadilla no logró existir.


Iv Molina