martes, 4 de octubre de 2011

Lo que fue (Cuento breve)

Despertó Manuel viendo el techo. Decidió por fin dejar ir los recuerdos que lo mantenian anclado a ella.

Caminando al baño, repetía en voz alta:

-Hueles a ayer, hueles a adios, el mundo le ganó a tu corazón, hueles a pasado, a olvido. Su desaliento y su despojo, me huele a que ya se agotaron los "hasta pronto".

Caminó con el rostro deformado por la seriedad y la tristeza que sobra del dolor, esa que una sonrisa disfraza pero no oculta. Mientras iba al baño y se sentaba en el sanitario a despojarse de su porqueria física, gritó como un rey en su trono que hace el anuncio de una nueva ley con su mano derecha levantada:

 -¡Hay amores que son como los troncos de los árboles que se han podado miles de veces pero no se pueden sacar de raíz, no dan sombra, ni frutos, ni florecen pero siguen ahí sembrados e imponentes, mutilados, de semblante sombrío y tristes, secos, pero con raices muy muy profundas, duros de mover, grandes y de fuerte apariencia, resistentes... muertos en vida!.

En silencio se quedó con su mano derecha levantada, sentado en su poceta negra de porcelana pensó:

-¿Y ahora qué haré? ¿por dónde empiezo?

 Sonrió, recordó al quijote. Se levantó corriendo busco una escoba y un gancho. Gritó:

 -¡Contra los molinos de viento! ajaaaaaa, ARRIBAAAAAAA

Corrió por toda la casa riendo locamente, arremetió con todo el pasado que le anclaba a ella. Dulcinea se había ido y él se divertía con sus molinos de viento como hacía años que no se habia divertido marchito en el dolor de un amor sin olvido.




Iv Molina