He aprendido a luchar desde los
actos y no desde la crítica destructiva e irrespetuosa. Creo que se diluye con facilidad
eso de “constructiva” y “destructiva” por eso he preferido evitarla,
desvincularme de ella, siempre se cuela por algún lado de mis débiles emociones
pero he logrado execrarla de gran parte de mí. Inútil a Dios soy contrariando
todo desde el bla bla bla, quejándome sin hacer nada por este mundo, por esta
sociedad más allá de lo que me pueda resultar conveniente para llenar mis
necesidades básicas e individuales sin dar nada a los demás, viendo el mundo y
sus cosas pasar, desarmándolas a ver si desde mi charlatanería las puedo
acomodar a mi medida. Inútil soy al mundo, inútil y fútil... ¿Qué tan fértil
puedo ser regodeándome en los errores ajenos, mejorándolos, perfeccionándolos
en la teorías subyacentes de mi propia podredumbre?
Nada soy para decir esto o
aquello de nadie puesto que la perfección no me roza ni se me da como una
postura y, nadie hay que de mí pueda decir esto o aquello a menos que su vida
sea un cúmulo intachable de virtudes, de moral, de pasión altruista, de bondad;
pero tal cosa no es posible dado que quien tenga estas condiciones se habrá
liberado del complejo inverosímil de verdugo-crítico-reformador del mundo.
Alguien lleno de bondad, moral y virtuoso tiene sus ojos en su elevación para
poder así elevar a otros. Dicho esto, entonces te pido que quites tus
ojos de mi vida y de la de los otros que al igual que tú estamos ataviados de errores y pecados, pero
creemos y luchamos por algo más allá de nuestras simples, vulgares y pequeñas
vidas, de aquellos que creemos y trabajamos no sólo para nosotros sino también
para otros. Te pido enfoques tus ojos al cielo y a un horizonte más prometedor,
que te largues con tus palabras ignorantes, miserables, necias y vacías de mi
vista. Si te soy tan incorrecta en mi ideología, en mi forma de vida, en mis
palabras, entonces no hay nada que yo desde mi errática vida pueda hacer por
ti. Sólo puedo decir de nuevo:
Nada soy sino soy útil a Dios...
(No es lo mismo ser hombre que ser UN CABALLERO, ni ser mujer que ser UNA DAMA. Se nace con la primera condición, la segunda requiere demasiada complejidad y actitud)
Ivette Molina
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