sábado, 13 de agosto de 2011

Se me ha olvidado...

He querido recordar tus besos en esta tarde, como en muchas anteriores, pero hoy con más fuerza que nunca. He divagado en los umbrales de esos recuerdos, desesperadamente, buscando su sabor, su humedad, la temperatura de tu lengua de tus labios. Me he encontrado con la terrible sorpresa que los he olvidado, no encuentro su forma, ni su profundidad, ni la sensación, solo el deseo de recordarlos, el deseo de volver a besarlos. Como quien recuerda que probó algo maravilloso y quiere repetirlo pero no descifra bien como solía sentirse, solo sabe que lo desea inmensamente, profundamente, fuertemente. He querido recordar tambien tu piel, como se sentía cuando me amabas, cuando me querías, cuando me deseabas. No te he olvidado ni un solo instante desde aquella última vez que se te escapó un te amo en un profundo gemido, aún dudo si fue para mi. He querido recordar tus abrazos y tu cabeza en mis pechos cuando la soledad nos cubria con su manto cálido, cuando éramos tú y yo un solo espacio, una fortaleza contra el mundo voraz, un hogar. Pero no encuentro en el umbral de estos recuerdos nada de lo que busco, no encuentro nada, solo imágenes bidimensionales en blanco y negro, yo diría que en sepia ya. Imágenes que no me dan ni calor, ni frio. Hoy me he dado cuenta que tu amor se ha ido, y no fue hoy que se fue, se fue hace mucho tiempo atras, solo que yo corrí y corrí detras de él mientras el buscaba alejarse de mi. Seguía ahí corriendo, no muy deprisa como para no alejarse del todo, pero tampoco tan lento como para alcanzarlo. No fue hasta hoy que me di cuenta que en esta carrera no te habias detenido, no habias volteado atras a verme, lo noté y me detuve viendo como te me perdias en el horizonte, en esa inmensa selva de la vida, yo me quede parada, me di cuenta tristemente que te habias ido que ya hace mucho tiempo tus raices de habian marchito en mi corazón, se habían ido buscando acampar en otros corazones, pero nunca de nuevo en el mio. Yo simplemente te hice compañia durante ese camino, protegiendo tu espalda, persiguiendo tu destino, soñando alcanzarte cuando tu meta era seguir hacia delante, sin mis besos, pues ya los habias olvidado, ya se te habian secado tus labios. He decidido recordar tu amor, y me ha entristecido no poder encontrarlo en el umbral de mis recuerdos, se me esfumó, no se como era tu piel, tu calor. Se han muerto lentamente los pocos testigos de tu amor y el mio, solo quedaba yo en silencio, atesorando los recuerdos, que triste darme cuenta que no estan donde los había dejado. Yo solo se que aún te amo, y que aún añoro tus besos, tu amor, tus cabellos, tus manos, se me han olvidado como son, pero yo se que los amo aún. Hoy me he dado cuenta que ya no soy dueña de tu amor, que ya yo simplemente quede a un lado del camino de aquello que fue tu corazón y el mio. Adios, hoy me he dado cuenta que desde hace mucho tiempo ya te habia perdido.

Iv Molina.

Sofoco

Caminaba bajo el son inclemente de esta aburrida y necia ciudad. Entré al centro comercial de costumbre, todo parecia ajeno a mi, los sonidos, los olores, abstraida con mi mente en eso, en ese ser, tenía la sensación de estar a destiempo, de estar y no estar. Me detengo en el cajero, una lágrima inoportuna corre entre mi rostro y mis inmensos lentes oscuros, espero, llego al cajero, saco el dinero. Sigo caminando por el centro comercial pensando, haciendome un resumen de todo lo acontencido en estos últimos años. De repente sin ton ni son han aparecido los peores recuerdos, como si juntos se mataran entre si a ver cual se llevaba el primer premio, aparecieron mentiras, que se volvieron verdades, dudas que se aclararon, desaciertos que acertaron, todo empezó a tener sentido. Compré lo que iba a comprar, observe algo en una vitrina, la película en mi cabeza se detuvo. Me quede observando, era un teléfono.
-Pronto se acerca su cumpleaños, me habría gustado regalarselo- De pronto algo le dío play a la pelicula nuevamente. Todos empezaron a matarse otra vez entre si, los silencios, el dolor, la decepción a ver cual lograba el primer lugar. Seguía caminando, salí al estacionamiento, el sol inclemente fundío dos lágrimas más, imprudentes ellas que se atrevieron a molestar. Me sentía sofocada, no podía llorar ni hablar, un dolor me estremeció, el aire empezo a faltarme, sentía que me ahogaba, algo había pasado dentro de mi y no comprendía qué era, algo había entendido lo más profundo de mi pero no sabía qué era, algo había encontrado, algo se había destapado, algo había descubierto. Un escalofrío invadió mi cuerpo, lo reconocí, ya lo había sentido antes, era el cruento demonio de la tristeza y la amargura invadiendo mi cuerpo. Sereno, delicado y sigiloso, ha conseguido ocurrucarse nuevamente a un lado de mi corazón, él susurra culposo: -No hay que darle rienda suelta al amor-

Iv Molina