Si me escuchas altiva, arrogante y dura. Si mi mirada no es aquella estocada cálida y fogoza, no me remontes ni me superes, más bien compadecete sin ofenderte, pues es sólo mi tristeza que ha preferido disfrazarse de soberbia.
Iv.
martes, 14 de agosto de 2012
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)